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MATANDO MUSAS

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Prensa

Periodico La Cronica
10 de Octubre 2005
 
Joven cachanilla prepara monólogo “Rojo todo mi mundo” una “dramedia oscura”, contada con un lenguaje contemporáneo, que se pasea entre el drama y el humor negro
Por Marcela Félix

“Rojo todo mi mundo”, es el nombre del monólogo teatral que sugiere la reflexión del por qué hacemos lo que hacemos, que se estrenará en esta ciudad, el próximo 14 de octubre.
Octavio Islas, escritor y director de esta puesta en escena, la define como una “dramedia oscura”, una historia contada con un lenguaje contemporáneo, que se pasea entre el drama y el humor negro.
“Es una metáfora del motivo que nos lleva a hacer lo que hacemos”, comentó el productor mexicalense, quien con su grupo teatral Matando Musas, ha presentado aquí obras como “Besitos y abrazos cariño” y “Hasta que me muera y después”; en las calles de Los Ángeles ha montado “Once”, “Say it conmigo”, “How Nortec helped me get a güerita” y “Lunas, ángeles y enanos”.
En este trabajo, Islas se centró en el duelo entre Paco, el personaje que interpreta César Ibáñez de 25 años, y su demonios internos, representado en una escena en la que el asesino serial piensa en voz alta frente a unos rehenes, justificando su proceder, para sí mismo.“Paco es un ejemplo, una historia particular, pero a todos nos pasa, todos queremos respuestas, queremos entender por qué hacemos lo que hacemos” explicó el joven productor.
César Ibáñez, Paco en el monólogo, comentó que su personaje es un chavo de 26 años con una enfermedad poco común, millonario y asesino en serie, con el que se identifica sólo en esa búsqueda de explicaciones y del hacer lo que se quiere hacer.Su faceta como actor, dice, es una coincidencia y se considera a sí mismo como una amateur de la actuación, pero que esta experiencia le ha gustado y servido mucho, por lo que le gustaría seguirse preparando y experimentando esta disciplina artística.
Actor y director invitan a la gente a que conozca, apoye y disfrute el trabajo del talento local, en este caso del teatro independiente.

Bitacora  (Tijuana)
1 de junio 2005

Diana Merchant
 
Hasta que me muera y después es la obra escrita y dirigida por Octavio Islas Gastélum, que se estrena el próximo sábado 4 de junio acá en Mexicali y abre un extenso periodo de presentaciones en Mexicali y Tijuana.

La historia gira alrededor de dos hermanas que intentan arreglar su relación, que tratan de acercarse una con la otra y sacan sus inconformidades. Hasta que me muera y después, aborda el tema de la discriminación hacia los morenos y la ignorancia de la mujer sobre su cuerpo, dos puntos de referencia que le encantan a Islas Gastélum, su director, y alrededor de esos, giran la mayoría de sus obras de teatro.

“El mexicano llora por el gringo blanco que lo rechaza, y el mexicano rechaza a todos menos al mexicano blanco, es fácil, el problema de México es que quiere ser blanco, pero sentirse orgulloso de sus inditos, nomás no tener su mismo tono de piel”, dice Islas Gastélum, quien hace algunos días se enteró que fue uno de los acreedores a una beca del FOECA en la categoría de jóvenes creadores, con la obra de teatro Güero, háblale al negro para ir por el chino.

Octavio nació en Mexicali. Estudió cine en LACC en California. Participó en talleres en Sam Eisenstein, en Los Ángeles. A sus 29 años, ha puesto en escena obras de teatro como Say it conmigo, How nortec helped me get a güerita, Besitos y Abrazos Cariño, además de algunas revistas y cortometrajes. Actualmente dirige el grupo Matando Musas, lleva el teatro a cafés y bares de la ciudad de Mexicali.

Periodico La Cronica
6 de Junio 2005
 
Hasta que me muera y después
Por Pablo Barajas

El El grupo teatral “Matando Musas” presentó este fin de semana la obra “Hasta que me muera y después”, misma que fue escrita y dirigida por el joven Octavio Islas y actuada por Johana Guzmán y Carolina García.
Esta puesta aborda la discriminación racial que existe en nuestro País y la ignorancia de la mujer sobre su sexualidad, en donde busca generar conciencia acerca de estos dos complicados temas.
El café Wanabe del Centro Comercial Cataviña fue el escenario en donde se presentó el sábado y domingo esta obra, misma que fue recibida de buena forma por el público que asistió a verla.
De manera amena y divertida, utilizando el lenguaje de los jóvenes cachanillas, se aborda tanto el tema del racismo como el del sexo en las mujeres, por lo que los asistentes a parte de generar conciencia sobre estos temas, también pasaron un rato divertido.
“Hasta que me muera y después”, continuará con sus presentaciones en el Wanabe del Centro Comercial Cataviña durante el mes de junio los días 7, 12, 14, 19, 21, 25, 26 y 28, en tanto que en el mes de julio se presentarán en este mismo lugar los días; 3, 5, 9, 10 y 12.
En la ciudad de Tijuana tendrán una presentación única el 17 de julio en el café “Latitud 32” del Malecón de Playas de Tijuana.
Los jóvenes integrantes de esta compañía teatral están invitando a la comunidad en general a presenciar esta obra, en especial a las mujeres de 30 y 40 años, ya que obtendrán de la misma un claro mensaje hacia ellas.

Bitacora (Tijuana)
8 Junio 2005
 
Por Diana Merchant
 
De teatro

Con una asistencia mínima, lo cual es muy triste, se presentó el sábado cuatro de junio Hasta que me muera y después, de Octavio Islas Gastélum, en Wannabe Cataviñá.

La obra expone el papel de la mujer mexicana respecto al sexo, a través de un diálogo entre las hermanas Schemmeling, quienes van discutiendo los temas que incluirán en una obra de teatro que escribe la mayor. En ese ejercicio desglosan cuestiones de sus vidas personales y su relación de hermanas.

Recordemos que con esta fecha se abre el periodo de presentaciones en Mexicali del Grupo Matando Musas, que se estrenó en 2004 con la obra Besitos y Abrazos Cariño, Las Hijas de Santa Canuta.

Es importante observar el trabajo de Islas Gastélum, quien a pesar de ser nuevo en la escena teatral de la ciudad, –principalmente había montado obras en Los Ángeles– ya tiene un estilo definido en guionismo y dirección, escenografía, a través de personajes inconformes, diálogos extraídos del misterio, bromas densas, mujeres hablando como hombres.

Esta clara afición de Islas por la mujer y la discriminación, que se unen y separan para formar nuevos discursos, salta a la vista en Hasta que me muera y después. Nos muestra mujeres gritonas, mal habladas, con esa extraña combinación de conformidad, reflexión y revolución.

En las actuaciones hay muy buen trabajo, el de Johana Guzmán y Carolina García. Ellas incorporan correctamente las 3 dimensiones de sus personajes y provocan gran credibilidad, aunque se rompa a ratos y luego vuelva con algún chiste, directo a la yugular del espectador.

Es una pena para quien se la haya perdido en su estreno mundial. Yo me reí mucho con la obra y se las recomiendo, así que si tienen una hora libre los sábados de junio a las 8 pm, dénse una vuelta al Wannabe Cataviñá. Costo: $50 pesillos. (En Tijuana: estará en Café Latitud 32, Junio 17…)

 
Premios Barbón de oro 2004
Por Gabriel Trujillo Muñoz  (Bitacora  Edición Binacional - Año 8 - n. 418 - Miercoles 12 de Enero de 2005. Tijuana)
 
Más que un lujo, los Premios Barbón de oro son una necesidad. Forman parte de esa rueda de la fortuna llamada reconocimiento, llamada escándalo. Honran, en todo caso, al que se mueve en la foto, a quien no se queda en paz. Así que allá vamos de nuevo, folks.
Premio al grupo teatral más atrevido e iconoclasta del año para el grupo mexicalense Matando Musas, dirigido por Octavio Islas.

Periodico La Cronica
19 de Junio del 2004
 
Edna Cabrera

Matando Musas Presenta obra grupo joven
Experimenta nuevo grupo de teatro independiente con la obra "Besitos y abrazos, cariño, las hijas de Santa Canuta"
Por Edna Cabrera

Hoy se presenta la obra de teatro "Besitos y abrazos, cariño, las hijas de Santa Canuta", de Octavio Islas, con la actuación del grupo de teatro independiente Matando Musas. La puesta en escena podrá ser vista a la 19:30 horas en Suite 21, por los rumbos de la avenida L. Montejano de esta ciudad. Carlos Aguirre, joven coproductor de la obra, explicó que estrenaron
la pieza teatral el pasado miércoles en Tijuana Dijo que les fue bien considerando que es un grupo nuevo, y que es la primera obra que montan.

Trae experiencia "Había experiencias previas en Los Ángeles, California y aquí estamos empezando", comentó.
Octavio Islas, autor y director de la puesta en escena, explicó que el grupo es de esta ciudad, pero optó por presentarse también en Tijuana porque es una plaza con más público interesado en el quehacer teatral. "Allá hay más espacios dónde presentarnos sin tener que rentar un teatro, porque ahorita no podemos pagar", señaló.

Inspiran musas
Matando Musas es el nombre de este nuevo grupo teatral encabezado por Islas, quien radicó en la citada ciudad californiana, donde empezó con el teatro y desde entonces bautizó así al grupo que se dedicaba a hacer teatro de calle y en cafés. "Este año llegué a Mexicali, pensando en qué hacer y hablé con Diana y otros amigos", dijo.

Señalan igual de la mujer. Comentó que su obra no ha sido publicada y que es una sátira sobre "las queridas", la otra mujer. "Es como un manual de cómo ser una querida", dijo.
Pero no sólo eso, sino que habla de la igualdad de la mujer, la
libertad, qué tanto se reprime a ésta a través de la historia, en laliteratura, etcétera.El grupo se presentará además de hoy, el próximo 26 de junio y 3 de julio en el café Wannabe, del centro comercial Cataviñá. Asimismo seguirán alternando sus presentaciones en Tijuana los días 23, 30 y 1 de julio, porque su propuesta ha tenido eco entre los seguidores de esta manifestación artística. De acuerdo al éxito que obtengan en esta serie de presentaciones, será la presencia que tengan en esta ciudad, porque el apoyo del público es fundamental para el grupo teatral
 
 
Periodico La Cronica
05 de Julio del 2004

Busca teatro un auditorio
"Me dijeron que era una obra de teatro, pero esto es un antro"
Matando musas representa la libertad creativa para exponer, con Besitos y abrazos, cariño, una radiografía de la sociedad fronteriza mexicana
Gabriel Trujillo Muñoz

El teatro bajacaliforniano contemporáneo tiene buen tiempo de ir en busca de sus espectadores, de su público, en vez de esperarlo en los grandes teatros muchas veces vacíos y sin poder de convocatoria. Ya desde los tiempos de Juan Antonio Llanes y Rodrigo Solo, hacia los años setenta del siglo XX, los teatreros preferían los cafés literarios y los salones de los restaurantes de moda para presentar sus obras de zarzuela o sátira política, donde la participación del público era esencial para que funcionara la dinámica teatral basada más en improvisaciones que en un guión definitivo. Más tarde, a finales de los años ochenta y principios de los noventa, este recurso se afianzó con Angel y Heriberto Norzagaray y Oscar
Hernández, que con la obra Se vende un gran amor hizo que la clase política aplaudiera las gracejadas que la reflejaban de cuerpo entero en sus ruindades y tropelías.
Ahora, en los umbrales del siglo XXI, los nuevos directores de teatro buscan que sus obras encuentren una vinculación más cercana, incluso más íntima y personal, con el público en general y no solo con los conocedores de las artes escénicas.
Estos nuevos teatreros quieren, además, que el teatro suyo se presente en lugares, como los antros que tanto abundan en las ciudades fronterizas, donde comúnmente serían parte del catálogo de escenificaciones admitidas (concursos de camisetas mojadas, conciertos de música electrónica, coscorrones bebidos a mansalva, karaoke para románticos de corazón, exhibición de bikinis o tangas con logos cerveceros).
Octavio Islas, un joven creador mexicalense que se había especializado en comics y videos independientes, ahora ha dedicado su esfuerzo a la dramaturgia y a la dirección escénica con su obra Besitos y abrazos cariño (2004), que ha presentado en diversos sitios de Baja California, entre ellos Suite 21, uno de los antros de moda en Mexicali.
Octavio Islas y su grupo de actrices denominado Matando musas (Diana Merchant, Jeannette Landeros, Iveth Sada, entre otras) es cosa aparte, trabajo autónomo que no ha requerido del financiamiento institucional para levantar un proyecto teatral como este.
Por eso, el haber escogido Suite 21 no es una contradicción sino un manifiesto de la clase de teatro que pretenden, como grupo, llevar a cabo. Oír decir, entre el público presente, cosas como "Me dijeron que era una obra de teatro, pero esto es un antro" habla de la desubicación de muchos espectadores ante una obra que, precisamente, funciona mejor en un espacio non sancto que en una sala teatral.
Matando musas representa la libertad creativa para exponer, con Besitos y abrazos, cariño, una radiografía de la sociedad fronteriza mexicana, con sus hipocresías sociales y su artera competencia sexual, con su arribismo descarado y sus ínfulas basadas en la acumulación monetaria a cualquier precio. Una obra verborreica pero efectiva, que incluye palabras altisonantes y amoralidades que rayan en el costumbrismo televisivo más soso y sórdido, en el humor negro cool.
Lo que esta obra añade, como novedad, al teatro bajacaliforniano no es la libre expresión del lenguaje cotidiano en sus exabruptos eróticos (solo las señoras libres a favor de la censura podrían poner el grito en el cielo en estos tiempos del Big Brother), sino su capacidad de reflejar, a través de las actitudes y modismos propios, un habla mexicalense, norteña, fronteriza, y una "liberación" sexual que se limita a los grandes mitos de la sociedad de consumo: casa, auto y vacaciones pagadas todas con cuerpomatic.
Matando musas y Octavio Islas, sin embargo, no deben cantar victoria: en su contenido y en su forma, la obra de Octavio es excesiva, reiterativa en sus diálogos, acartonada en sus alocuciones, pero aun así, Besitos y abrazos, cariño mantiene la atención del espectador y solo aburre en su parte final. Obra carente de presentación, nudo o desenlace, pero que rescata lo mejor del talk show que es la vida misma, cuando las amigas se juntan y chismean a su gusto, destazándose
unas a otras. Lo malo aquí es el amateurismo actoral de las
integrantes del grupo. Se aprendieron sus papeles, sí, pero no crearon personajes verosímiles sino caricaturas parlantes. Lo peor: la falta de dirección escénica de Octavio. Todas sus actrices se mantuvieron en su asiento, sin intercambios de espacios, sin contrapuntos dramáticos en la actuación. El trazo escénico es inexistente: todas ellas parecen caminando en pasarela, como modelos de mall, como clones de sí mismas, indistintas unas de otras, con dicciones tan parecidas que nunca se distingue –excepto por las historias que cuentan- quiénes son cada una y cuáles son sus rasgos, sus perfiles característicos. Octavio Islas es un potencial buen dramaturgo, no un director teatral. Pero Besitos y abrazos, cariño es una obra que marca una apertura envidiable en el teatro bajacaliforniano, un pastelazo sorpresivo de reivindicación norteña que no necesita pasar por el narcotráfico, el migrante o el graffiti para legitimar su validez fronteriza, para imponer el humor pesado de las hijas de Santa Canuta: todas bellas, todas jóvenes, todas putas.